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7月29日 En Vivo y en Directo, desde la Cibertierra de los Ciberreclamos, las Ciberrelaciones Flash y los Ciberamigos que siempre están ahí...Me ha costado un impresionante trabajo adaptarme de vuelta a la ciberrealidad.
Me ha resultado un dispendioso e incomprensible trabajo retomar la dinámica de las relaciones cibernéticas, en las cuales comprometerse es una cosa que se genera con tan solo dar un click y decir "si, me gustas", o "si, eres mi gran amigo del alma desde hace 3 cibersegundos", o "me enamoré de la foto en tu perfil, producto inconfundible de Photoshop"... o cualquier otra frase que en el mundo tangible es una invitación a conocer en detalle a quien se le expresa afecto, pero en el ciberespacio es la historia de un compromiso por los terabytes de los terabytes...
En concreto, me remito a la historia de una amistad que quise trascender hacia lo material, pero que se ahogó en una inexplicable cadena de reclamos virtuales por no haber dicho las cosas al 100%... es extraño, una de las cosas que siempre me ha hecho sentir comodo en el cibermundo es la capacidad de poder decir o no decir cosas, porque se supone superada la barrera de juzgar al interlocutor; así como el espacio de levedad interrelacional, un punto en el cual puedes conocer a una persona poco a poco, en procura de elegir el momento adecuado para verle en el mundo real y lograr relacionarse sin las incomodas trabas que aparecen cuando quieres romper el hielo. En medio de una realidad virtual, ¿es valido que alguien te reclame por no haber sido completamente sincero?
Tanto en este, como en el mundo de carne y hueso, he sido sincero. Tanto en este, como en el mundo de carne y hueso, procuro escoger el momento preciso para decir cosas. Y tanto en este, como en el mundo de carne y hueso, tengo presente que yo, y tú, y el, y ella, y todos nosotros y cada uno, tenemos derecho a nuestra privacidad... entonces, si conoces a alguien en el ciberespacio, decides no contarle cosas al primer encuentro, con el paso de los dias las cosas surgen y el espacio se presta para hablar de ciertos temas, le cuentas aquello que no quisiste contar al primer ciberencuentro y ese alguien te pone el cibergrito en el cibercielo porque debiste decir eso desde un comienzo, ¿eres un cibermentiroso, un ciberdeshonesto, un cibercretino? No me fueron dichas estas frases literalmente, pero la ciberrealidad te ofrece otra posibilidad: el uso de ciertas frases y emoticones para decir cosas relevantes de manera ciberdiplomatica (esa posibildad tambien la encuentras en el mundo real, pero aquí es más fácil de expresar, interpretar y digerir).
Hace algun tiempo abandoné la busqueda de cibervida social en un porcentaje muy significativo, en busqueda de definir de una buena vez por todas lo que quiero de mi vida real... hoy día, que decido retomar la parte que realmente me gusta de este estilo de vida, la que te permite expresarte sin restricciones y distinciones, he recibido montones de tirones de orejas por ser un ciberingrato (otro ciberreclamo más)... aquí hago una pausa, para recordar a la gente que he conocido en el mundo real y las formas en las cuales me he interrelacionado, antes de sumergirme en el ciberespacio: recuerdo las cervezas al son de una buena canción (o muy mala quizas, pero con buenos amigos todo se disfruta); recuerdo los cafés a media luz, que provocan un beso romantico y timido; recuerdo las sesiones de parque, tendido en la hierba, tratando de reconstruir y reinventar el mundo; recuerdo la pasión que produce la piel al tacto, las palabras suaves al oido, las miradas fijas, los aromas inspiradores... y de vuelta en el ciberespacio, solo me encuentro con una cibersesión de recriminaciones, cunado todo lo que quise fue un buen café, en un sitio comodo, hablando de todo lo bueno que el mundo real tiene para ofrecer, como la posibilidad de conocer a alguien con quien inventar el dia a dia...
Extraño la ciberrealidad que conocí hace un tiempo, la que me ha permitido conocer en el mundo real a gente valiosa, la que me ha permitido mostrar un nivel de sensibilidad que en el mundo real sería pateado, menospreciado y vitupereado. Pero, en el fondo, si me alejé del mundo virtual, fué porque extrañé muchisimo más respirar aire real, tomar cerveza real, recibir emoticones reales, zumbidos reales, saludos tangibles... e incluso regaños reales porque en realidad soy ingrato...
Vuelvo a la ciberrealidad, transmitiendo en directo desde el mundo real que siempre me ha acogido bien, del cual ya no temo esconderme y en el cual tengo el anhelo de algun día poder compartir al menos un café con todos mis buenos ciberamigos que me tan tirado de las orejas por abandonarles...
Feliz Cumpleaños y 3 dias a mi 7月18日 Nuestro 20 de julioTan solo quedan 3 días para enfrentarnos a una jornada que podría ser crucial para la historia de nuestro amado país. Una jornada en la cual, despues de muchos años, finalmente volvemos a ser concientes (o quizas, por primera vez lo somos), de nuestra Colombianidad. No de ser colombianos, eso lo somos desde el momento en que el registro civil nos acredita como tal, sino de nuestra Colombianidad, de la condición que nos compete al haber nacido, crecido y vivir dentro de la tradición Colombiana, de los sentimientos que nos genera conocer y reconocer los detalles de la historia que hicieron posible el tener este espacio para sabernos pueblo autónomo y vivir la realidad, entre cruda y alegre, que nos convierte en una patria. De todo aquello que nos hace orgullosos de nuestra tierra a pesar de ser rolos, paisas, costeños, pingos, toches, llaneros, tolimenses, huilenses, vallunos, pastusos, amazónicos, guajiros, negros, blancos, indigenas, mestizos, zambos y mulatos, pero, por sobre todas estas diferencias culturales, dueños de una identidad que nos cohesiona y nos hace sentir orgullosos de tener el gentilicio Colombiano. Sin embargo esta jornada, como ha sido común denominador de las recientes manifestaciones con matices similares, se vislumbra una vez más viciada por los intereses de unos pocos. Con esto me refiero especificamente al tinte que los medios y los partidos políticos, una vez más, han querido brindarle a una fecha que, en teoría, no tiene un fundamento válido: el 20 de julio se celebra nuestra Independencia, la rebelión abierta al fín del yugo español, pero a casi 200 años de este grito, ¿Realmente somos independientes? ¿Es pertinente celebrar que casi 200 años despues de manifestarnos con la capacidad suficiente para manejarnos como país, no hemos podido lograrlo? Una vez más, los medios, los partidos políticos y nosostros mismos nos estamos encargando de parcializar una jornada de cohesión, clave para la Colombianidad: algunos, apoyando a un presidente que finalmente está logrando "erradicar a la plaga", ignorando con esto los graves errores que este gobierno ha tenido y que cada vez que intentan salir a flote son impecablemente cubiertos con cortinas de humo; otros más con el fín de arengar estos errores, encargándose de ser la memoria que tanta falta nos hace a los colombianos; otros, denunciando las atrocidades de los guerrilleros y paramilitares, las cuales, indudablemente, deben ser peores de lo que se divulga oficial y clandestinamente... una jornada en la cual, a pesar de saber que deberiamos salir a confirmar nuestra Colombianidad, estamos predispuestos a defender intereses aislados que, en el momento histórico que vivimos hoy por hoy, tendrían que ser poco o nada relevantes; estamos dispuestos a vencer, pero seguimos divididos. Este 20 de julio es especial, porque despues de mucho tiempo somos concientes de lo que implica llevar sangre colombiana, conciencia colombiana, mente colombiana, memoria colombiana y corazón colombiano; porque finalmente el cansancio colectivo de casi 200 años de guerra continua está comenzando a asfixiarnos, llevándonos a reclamar esa independencia que desde 1810 nos ha sido esquiva; porque finalmente queremos ser libres de todos aquellos que se creen con autoridad de manejar nuestro camino, de todos aquellos que creen tener la verdad absoluta, de todos los que se han aprovechado del sentimiento patriota para sus fines egoistas e imperialistas; este 20 de julio es necesario dejar a un lado los fanatismos políticos que tanto daño nos han hecho a través de la historia, las diferencias sociales que nos han mantenido divididos, los extremos ideológicos que nos han llevado a estancarnos en debates interminables sobre quien tiene la razón y quien no. Este 20 de julio, colombianas y colombianos, es para decirle a todo aquel que no nos ha permitido ser País, a todo aquel que ha querido moldear nuestra identidad a su antojo, que finalmente lo estamos logrando, que finalmente tenemos Colombianidad, que casi 200 años despues somos mucho más que una bandera de tres colores ondeando, que Colombia no es solamente la tierra que Uribe ha manipulado por casi 8 años, o la que Bolivar soñó mientras estuvo vivo, o la que el Tío Sam tanto ambiciona por sus privilegios, o la que los grupos alzados en armas creen quer pueden manejar a sus anchas, sino por la cual millones de Colombianos hemos trabajado, luchado y sufrido por casi 200 años. Este 20 de julio, salgamos unidos y dispuestos a decirle a Uribe, a las FARC, a Ingrid Betancourt, a Clara Rojas, a Yidis Medina, a Alan Jara, a Pablo Moncayo, a los campesinos que tienen que pagar los platos rotos de esta guerra, a los niños y adultos que mueren de hambre mientras su comida es usada para alimentar cerdos, a todos los que están secuestrados y a los que ya están libres, a todos los que se creen con autoridad para privar de la vida y la libertad, a Santofimio, a los extraditados, a los daneses, a los franceses, a George W.Bush, a Hugo Chavez, a Felipe Correa, a Daniel Ortega y a todo aquel que pueda oirnos, que todo lo que queremos en este momento es ser y sentirnos Colombianos, que reclamamos un espacio para que nos permitan de una buena vez por todas forjar un País, construir un País. Todos juntos. 7月7日 Animal de Acero para una Jungla de Concreto, Parte I (Escrito en Diferido)Vuelvo a las andadas. Se preguntarán porque el “escrito en diferido” del título, obedece simplemente a una estrategia que tomé al verme asediado por Murphy cada vez que intenté escribir directamente conectado a Internet, desde el editor disponible en este sitio: cuando estaba en el punto más alto de mi inspiración, cuando ya casi lo tenía logrado, aparecía una simpática ventana diciéndome “iexplore presentó un problema y tiene que cerrarse”, si no era eso se iba la luz, o se bloqueaba el PC, o el perro se me comía la tarea antes de tener la hábil idea de oprimir el botón para guardar un borrador… en fin, luego de varios intentos fallidos y tirones de orejas de mi reducido pero fiel numero de fanáticos, heme de vuelta, en diferido.
Han sido 4 meses desde la última vez que consigné algo aquí. Y la vida me sigue dando giros. Me encuentro 4 meses después labrando un camino propio, permitiéndome ser egoísta a los extremos, dejándome llevar finalmente por el instinto salvaje que me ha tocado adoptar frente a la jungla de concreto a la cual me he enfrentado desde hace ya mucho tiempo, y a la cual apenas empiezo a adaptarme de vuelta. Me veo cada vez más duro, más racional, poniendo practicidad sobre sentimentalidad, egocentrismo sobre amabilidad, sentido común sobre sensibilidad… He redimensionado una de aquellas teorías que me condenaban a vivir en un pasado gloriosamente amargo: hace un tiempo, dentro de un ambiente de hipocresía amorosa disfrazada de “relación abierta”, había establecido una regla de convivencia con la única persona a quien he amado de verdad hasta ahora, consistía en tener clara la diferencia entre infidelidad de hecho e infidelidad de sentimiento, dada la primera como toda aquella relación que encajara como aventura de una noche y la segunda como aquel desvío en el camino que se le puede presentar a cualquiera, cuando aparece alguien que comienza a generar dicotomías sentimentales que llevan a considerar seriamente con quien queremos estar, no solo físicamente. En el papel es un planteamiento interesante, en mi caso resultó ser solo un pretexto para ser manipulado y posteriormente abandonado, para ser luego catalogado como “amigo con derechos” para luego ser completamente desterrado en función de que ya había quien supliera las necesidades que yo, el amigo con derechos, satisfacía. Responsabilidad mía, lo sé, eso me pasa por jugar al laboratorio del amor y ser el conejillo de indias. Pero que sería de esta vida sin el ensayo y el error… volviendo a la redimensión de la teoría, me encontré con que la infidelidad es falta de fidelidad, la cual obedece al nivel de apego que uno tenga hacia algo material. Cosa distinta es la lealtad, que obedece a la capacidad que tenemos los seres humanos de comprometernos los unos a los otros, de ser un apoyo en la buenas y en las malas, de olvidar y perdonar. De esta manera, la teoría evoluciona y me trae al presente: sigo pensando que en una relación es válido permitirse una dosis de infidelidad, siempre y cuando seas leal a quien le estas dejando de ser fiel. La fidelidad es relativa, es la lealtad la que realmente cuenta. Hoy puedes comer una marca de chocolate diferente a la que usualmente comes; si no te gustó, vuelves a tu marca de siempre; si te gusto demasiado y la pruebas una vez, más, y otra, y otra más, y cada vez te encuentras un gusto mayor, tu lealtad está tambaleando y es ahí donde debes empezar a preocuparte… Hace unos días me crucé con aquella, la única persona a quien he amado de verdad, se encontraba sentada en la butaca de un lugar por el cual yo cruzaba, mi camino me obligaba a cruzar en frente de ella y eso fue exactamente lo que hice, cruzar en frente suyo. Y nada más. Si se dio cuenta de que crucé y la ignoré, no lo sé… solo puedo decir que ya no le soy leal… que he probado muchos chocolates diferentes y que le perdí todo el gusto a aquel a quien tan leal le fui… puedo decir que dejé de ser víctima del pasado, y me siento más confiado de no verme condenado a repetirlo. Puedo decir que soy capaz de reinventarme. Puedo decir, que, en cuanto respecta a sentimientos, nuevamente, soy. Peace |
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